Procuraba no estorbar. Se ponía en la orilla. La vida fluía a
lado de ella, pero ella no se dejaba arrastrar por la corriente. Le
quedaba muy poco espacio, pero lo que era de ella, lo aprovechaba
plenamente. A veces preocupada, porque la orilla en la que estaba,
era de un abismo, un precipicio. Mantener el equilibrio se volvía
vital. Un paso vacilante podría tener consecuencias nefastas. Tenía
que pisar con seguridad apoyándose en todo lo que podía. Tenía
tiempo para observar a otros que se dejan arrastrar, perdiendo la
libertad y control sobre la dirección de sus vidas. Ella no quería
eso. Aunque con poco espacio tenía lo suficiente para crecer y
realizarse. Tenía puntos de referencia que le daban una plena visión
sobre la distancia que hay entre su realidad y sus sueños. A veces
parate un rato en la orilla y mira a donde quieres ir o tal vez a
donde te lleva la vida. Aprovecha la oportunidad para corregir el
rumbo.
Feliz lunes de pararse en la orilla.

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