Eran muchos los miedos que la habitaban. Muchos de ellos, vestidos
con otras ropas, camuflados, maquillados, por eso tantas veces
irreconocibles. Tuvo tantos problemas para poder nombrarlos y tratar
por su nombre. Algunos de ellos se hacían pasar por dolores, o
incluso hasta por enfermedades. Los sentía muy fuertes agudos,
cuando tenía que ir a ciertos lugares o hacer ciertas cosas. No era
una simple timidez, sino la inseguridad llevada al extremo. Y todo
porque ha crecido sin una pequeña vitamina, llamada reconocimiento.
Nadie le decía que hace bien las cosas. Ella ha crecido pensando,
que las hacía mal, por lo mismo ha dejado de hacer la mayoría de
ellas. Segura que no sirve que no tiene talento ni capacidad. Reparte
los cumplidos y los reconocimientos a diestra y siniestra, como
dulces frutas jugosas, que alimentan, hacen crecer y dan salud.
Ayudarán a otros confiar en sí mismos, en sus capacidades y
provocarán que lugar de miedos ocupen seguridades.
Feliz miércoles sin miedos

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