A los familiares les parecía que sentado en su sillón va a
alcanzar la eternidad. Cada día de la semana lo pasaba ahí,
incluidos los domingos. Siempre haciendo lo mismo, o más bien no
haciendo nada. Surgía la duda si todavía tiene alguna conexión con
la realidad, con el presente, o ya vive sumergido en la eternidad. Al
perder toda la actividad no por discapacidad física o vinculada a la
edad, pues él no era un anciano, perdía la conexión la
participación, las emociones y sensaciones. Lo de la tele y del
diario era un mundo postizo, un mero recuento de tragedias humanas y
noticias morbosas, que ya no sorprendían a nadie. Mientras la
familia esperaba unas gotas de atención de conversación y silencio
juntos. No te vayas de este mundo antes que tu cuerpo. Participa en
la vida, abandona tus escondites de todo tipo. La eternidad viene
después no antes.
Feliz domingo de levantarse y participar.

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