Buscaba un remedio para sus males. Algo que pueda ayudar para que
no duela tanto. No eran males de cuerpo, para eso sobraban
analgésicos. Eran otros males que tocaban su alma. Es que cada vez
que empezaba construir algo con tanto entusiasmo, con tanta ilusión
en poco tiempo todo se derrumbaba, todo se iba abajo. Al principio
sospechaba que había personas mal intencionadas que impedían su
progreso, su éxito. Y tal vez las había, nunca falta un envidioso o
una envidiosa, pero estas personas carecían de poder que ella les
atribuía. Con el paso del tiempo vio claramente que su peor enemigo,
su mal más grande eran sus prisas. Ella quería “levantar las
paredes sin haber terminado los fundamentos”. Para que algo salga
bien prepara la base, mira las variantes, revisa los pormenores. Eso
no te resta la espontaneidad sino te aumenta la responsabilidad. En
un momento de reflexión resulta ser mejor remedio para muchos de tus
males.
Feliz martes de reflexión.

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