Hasta hoy día no sabía muy bien por qué en su vida había
muchas eternidades que duraban un instante y muchos instantes que
duraban toda la eternidad. Decía eso, porque cada vez que alguien le
hacía una promesa solemne “que nunca y que para siempre” muy
pronto se veía defraudada y hasta engañada. Molesta consigo misma
por haber creído y confiado a pesar de tantas malas experiencias.
Pero no se deprimía, ni lloraba amargamente, porque de otro lado
había muchos instantes, que se convertían en elementos sólidos,
eternos que le iban acompañando toda la vida. Moldeando sus
opiniones, sus puntos de vista. Siempre aquellas cosas pequeñas
forman un mosaico que solo podrás apreciar desde la distancia.
Instantes, momentos, episodios, aparentemente fugaces y efímeros que
se quedan para siempre, puesto que al ser pequeños son fáciles de
guardar en nuestra memoria. Es cierto que en la vida hay grandes
traiciones, pero también hay pequeñas fidelidades. Nunca te quedes
con una sola visión. Cada peso tiene su contrapeso. Cada lágrima
tiene sonrisas que la secan.
Feliz domingo de instantes eternos.

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