sábado, 19 de diciembre de 2015

Contagiando

Liza era muy atenta y cuidadosa. Siempre la ha preocupado su salud. Empeñada en prevenir y evitar a todos los peligros, recibía todas las vacunas y hacía todo para tener muy buenas sus defensas. Solo había un pequeño detalla, hasta se podría decir una pequeña debilidad. No le importaba contagiarse ni contagiar a los demás de alegría. Esta alegría que tiene síntomas inocuos, que dibuja las sonrisas en los rostros, suaviza la voz y endulza la mirada, ablanda el corazón. Una alegría que permite caminar con el paso ligero y una mirada clara, de efecto duradero capaz de pintar de colores los días grises. No tengas miedo déjate de contagiar por una alegría así, y si ya te contagiaste contágiala a los demás. Que se convierta en la pandemia.

Feliz sábado de alegría.

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