Liza era muy
atenta y cuidadosa. Siempre la ha preocupado su salud. Empeñada en
prevenir y evitar a todos los peligros, recibía todas las vacunas y
hacía todo para tener muy buenas sus defensas. Solo había un
pequeño detalla, hasta se podría decir una pequeña debilidad. No
le importaba contagiarse ni contagiar a los demás de alegría. Esta
alegría que tiene síntomas inocuos, que dibuja las sonrisas en los
rostros, suaviza la voz y endulza la mirada, ablanda el corazón. Una
alegría que permite caminar con el paso ligero y una mirada clara,
de efecto duradero capaz de pintar de colores los días grises. No
tengas miedo déjate de contagiar por una alegría así, y si ya te
contagiaste contágiala a los demás. Que se convierta en la
pandemia.
Feliz sábado
de alegría.

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