A Raquel se le
ha deslizado entre sus dedos la felicidad y se ha roto. Al principio
ella se asustó de sobremanera, porque pensaba que ya la había
perdido para siempre. Entre las lágrimas miraba los pedacitos de su
felicidad esparcidos en todas partes. Se tranquilizó un poco no le
quedaba otra cosa que hacer. Ahora no tenía una felicidad grande
concentrada en un solo lugar al mismo tiempo muy vulnerable, muy
frágil. Tenía pequeñas felicidades en todas partes, ya no corrían
ningún peligro. Lo único que necesitaba era mirar su vida, su
realidad con buena luz para ver la felicidad en cada rincón de su
vida. Ya no era difícil de cargarla. Ni llevarla solo era necesario
mirarla con atención y sacar de ella todo su brillo. Al fin y al
cabo es la misma felicidad solo que más esparcida y hay que ir
juntando sus pedazos construyendo su propio mosaico.
Feliz lunes de
ir juntando los pedazos.

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