En su casa debería que haber orden. Así lo enseñaron sus padres
y así iba a mantener las cosas. El tiempo que ha pasado desde su
infancia le hizo olvidar un poco, los gritos, los castigos, en pocas
palabras la violencia que reinaba en la casa de sus padres. Muchas
veces con lágrimas en los ojos se juraba a si mismo que eso nunca
más se va a repetir, que su hogar será diferente. Ha intentado
hasta que ha llegado a primer mal entendido, hasta primer conflicto.
Sin darse cuenta reaccionaba de la misma manera que su padre.
Gritando e imponiendo su voluntad repetía la única forma que ha
conocido de solucionar los conflictos y exigir el cumplimiento de sus
pedidos. Muchas veces en la vida sin dar nos cuenta, hacemos lo que
no nos gusta, repetimos el rol que más detestamos. Es posible
cambiar pero se necesita mucho trabajo, atención y humildad. El
grito y la violencia causan la obediencia pero nunca amor y respeto.
Trata de ser firme exigente pero no violento. El amor y ejemplo son
mucho más eficaces que los gritos y los golpes.
Feliz lunes de amor y ejemplo.

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