Paulo Freire decía sabiamente que “la cabeza
piensa donde los pies pisan”. Sus pies estaban a punto de dar un
salto, no solo de distancia, sino también de realidades. Un momento
lleno de sensaciones, sentimientos y tensiones, lo más parecido a
una ensalada bien surtida y compleja. Con todo su ser ha estado aquí,
sabiendo que es cuestión de horas, lágrimas, suspiros y ayes,
estará lejos en otra realidad. Una vez estando ahí, lo de aquí
también se verá diferente. El salto se hace complicado, la nueva
realidad nos absorbe y nosotros a ella. En la vida si alguna vez nos
resulta difícil a entender a otras personas, no olvidemos en qué
lugar están pisando nuestros pies. Muchas veces muy lejos de lugar
en donde pisan los suyos. Podemos estar más cerca del opresor que
del oprimido, el agresor que la víctima, el culpable que el
inocente. Mira tus pies y los de los demás y luego escucha a sus
argumentos, te darás cuenta cuando serán pura teoría. No su boca
sino sus pies les delatarán.

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