Con cada una de
ellas han terminado como que un poco más lejos. La distancia no era
física sino afectiva. Después de cada discusión no solo estaban
distanciados por unas palabras que no compartían sino por
sentimientos que iban a espaldas de estas palabras que a veces se
volvían espinosas y hasta venenosas. Supuestamente con ellas
queremos demostrar que tenemos razón. Es bueno defenderse las
posiciones, valores y opiniones, pero a veces hay que mirar el
precio. Es mejor tener la paz en la pareja, en la familia, que a
cualquier precio tener razón. Nadie posee verdad única o el único
modo correcto de pensar. Hay que permitir a los otros a llegar por
sus caminos a sus verdades. La razón como aceite tarde o temprano
saldrá a la superficie. En nuestro caminar diario más importante
que el arte de discutir es el arte de vivir.

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