La rabia que sentía por dentro estaba creciendo en él. En su
boca se formulaban diferentes denuncias. Tenía un buen surtido de
ellas, sobre diferentes temas y con diferentes niveles de
descontento, entrelazado en cada una de las palabras que pronunciaba.
No era un luchador exaltado, lo que denunciaba era real. Muchos
apoyaban sus palabras, porque en ellas veían reflejada su propia
opinión, su inconformidad con el actual estado de las cosas.
Esperaba ser escuchado, tomado en cuenta recibiendo una respuesta que
tenga sabor a la solución de los problemas denunciados. Solo que
había un pequeño detalle… y por ser pequeño no quiere decir que
era insignificante. Se olvidaba de su propia responsabilidad en todo
eso que con tanta certeza denunciaba. Antes de exigir y culpar a
otros mira si cumples con tu parte de la responsabilidad. Si lo haces
tus palabras tendrán más peso y se defenderán por si solas.
Feliz miércoles de denuncias.

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