Tenía la mirada llena de espera fijada en los demás
cuando le avisaron que ahora era su turno. Así de repente se
encontró de otro lado de la espera. Hasta ahora siempre esperaba
para recibir todo lo que le podían dar lo que sentía que le hacía
tanta falta. Ahora ella debería dar, y lo debería hacer sin medida.
Escuchando los constantes reclamos de los que dicen que no es
suficiente, que es poco, que es muy tarde o que quieren otra cosa y
no ésta que se les está ofreciendo. Sentía que a veces no podía
más que algunas personas a las que les ayudaba no solo que no
agradecían sino que se volvían muy crueles en sus acusaciones. Es
mucho más fácil recibir además con la convicción que uno tiene
derecho de reclamar lo que le hace falta, que dar generosamente
compartiendo lo poco que uno tiene intentando ser equitativos y
justos. No olvidemos que aunque tenemos derecho de pedir y recibir
también tenemos la obligación de dar, compartiendo lo que somos y
tenemos.
Feliz martes de nuestro turno.

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