Las constantes visitas a oftalmólogo y frecuentes
cambios de lentes no le ayudaban en nada. No veía los detalles, no
se daba cuenta de las distancias. Para ella todo era lo mismo y
dependía de la suerte que uno tiene o que a uno de toca. No veía en
absoluto su responsabilidad de buscar y medir, pesar y valorar. Una
cualidad que tienen los escultores, que en un trozo de madera ya ven
la escultura terminada y su único trabajo es ir quitándole a ese
trozo de madera, todo lo que no es la escultura, todo lo que sobra
para permitir así a aparecer la belleza que estaba escondida.
Ocupamos el mismo espacio que los demás, pero no todos vemos lo
mismo, ni percibimos lo mismo. Tal vez lo que tenemos que hacer es
encontrar la belleza escondida y quitar solo lo que sobra, lo que
impide que la veamos plenamente. Parece que en un mundo de noticieros
que dan miedo y chorrean sangre, es una capacidad muy necesaria. Los
problemas si existen, las tragedias también, pero al lado existe la
belleza que calma el alma y da fuerza y esperanza necesarias para
enfrentar los problemas de cada día. Entrena tu vista, busca la
belleza que te rodea.
Feliz jueves de la mirada atenta.

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