Se quedó sentada, no había otra cosa que podía hacer. Cada
palabra se clavaba entre ellos volviéndose una valla de alambre de
púas. Solo podían lastimarse cruzando esta invisible frontera que
separa la distancia del abandono. El problema que se podía
solucionar fácilmente, se convirtió en una munición que se
disparaban en cada discusión familiar. Eso fue un asunto delicado
que tenía que cuidar con mucha sabiduría con mucha prudencia. La
paz y el desarme no solo significan el cese de las agresiones sino
también el cese de las defensas. Los dos tenían tal vez la última
oportunidad de despejar el camino de la comunicación o atrincherarse
cada uno en su posición haciendo imposible el encuentro. Los
raudales de problemas pueden abrir brechas que parecen imposibles de
cruzar, en situaciones así las palabras atentas servirán como
únicos puentes.
Feliz martes de puentes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario