Cada cierto tiempo Aida se sentaba en el sol para calentar su
cuerpo encogido por el frío. Revisaba palmo a palmo su piel,
sacándose los miedos que se le han clavado como espinas a lo largo
del tiempo. Estos miedos le impedían moverse libremente, siempre
dejándola a mitad del camino para realizar sus sueños y proyectos.
El miedo es capaz paralizar, impidiéndonos acercarse a un objetivo.
El miedo es capaz transformar a una persona ágil y confiada, en una
persona torpe, insegura, que mide cada uno de sus pasos temblorosos.
Revisa tus movimientos y los proyectos que se han quedado a la mitad
o nunca se han empezado. Tal vez encontrarás algunas espinas de
miedo, sacátelas y avanza libremente. No olvides, que en tu camino
vas a encontrar personas “erizos” que son capaces hasta de
desanimarte de levantarte de la cama por el miedo de que algo malo te
puede pasar. Simplemente no les hagas caso. Se cauto pero no cautivo.
Feliz martes sin espinas de miedo.
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