A
tía Juana nadie la alcanzaba en su capacidad de quejarse. Ahí donde
nadie veía una mancha, una imperfección, ella veía desorden y
conflicto entre partículas y átomos. Le gustaba observar el mundo y
la gente, pero al parecer lo hacía con la única intención de
juzgar, criticar, buscando cualquier imperfección. Y como siempre
pasa en caso de gente así, gastando tanto tiempo y energía
observando la vida de los demás, no tuvo tiempo de observar su
propia vida y ni la de su familia. Donde
no faltaban cosas buenas y malas como en cada familia sobre la
superficie de la tierra.
Todos somos parte de este mundo nuestro y no podemos desentendernos
de la responsabilidad de hacer de él un lugar más amistoso,
acogedor, soportable y no un valle de lagrimas de nuestra
religiosidad popular. No
busques solo lo que es imperfecto, date tiempo de ver cosas buenas
hermosas que forman base de la construcción de tu propia vida,
no tan agria más bien dulce.
Feliz
miércoles sin quejas.

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