Le costaba mucho poner la atención, fácilmente se distraía. Su
mundo lleno de pequeños y grandes distractores le impedía
concentrarse en algo concreto por un poco más de tiempo. En sus
manos tenía muchas cosas iniciadas, pero ninguna terminada, muchos
caminos que empezó andar, pero ninguno que anduvo hasta el final. Se
quejaba de la mala suerte, de su destino cruel y de muchas más cosas
habidas y por haber, pero no veía su responsabilidad. Sus
distracciones han formado una red que lo tenía atrapado, prisionero
de su falta de voluntad. A veces en la vida para poder avanzar tienes
que desconectarte de diferentes distracciones y poner atención en
los objetivos que tienes delante de tus ojos.
Feliz jueves de desconexión.
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