Muchos estaban cerca de ella cuando se estaba
metiendo en problemas. En vez de advertencia había una silenciosa
complicidad. A la hora de intentar de salir de los problemas se veía
totalmente sola. No tenía a nadie a quien preguntar ¿cómo? Ni ¿qué
hago? A tientas dando inseguros pasos por el camino de soledad salía
a la superficie donde al parecer la esperaba mucha gente. Claro que
siempre había alguien que mostraba algo de empatía que sabía por
lo que ella estaba pasando porque le ha tocado pasar por lo mismo. En
la escuela de la vida son precisamente los momentos duros los que nos
hacen probar nuestras fuerzas y nuestra independencia. Nos
necesitamos todos y no construimos nuestra felicidad en la soledad,
pero tampoco podemos vivir pendientes de opiniones y ayuda de otros.
Necesitamos contar un una buena dosis de criterio propio y fe en
nuestras capacidades que nos ayuden a superar los inevitables baches
de la vida.
Feliz domingo de conocerse a si mima/o.

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