Hace unos días lo encontré en el
piso en la entrada de la casa, tirado sobre su espalda, indefenso, incapaz de
voltearse. Hermoso escarabajo, impresionante su tamaño y su fuerte caparazón,
pero tal vez tanta defensa lo vuelve demasiado torpe y por eso también
vulnerable, indefenso. Cae en la trampa de la que quiso huir. ¿No pasa lo mismo
con nosotros? ¿La búsqueda de la seguridad no nos lleva a la torpeza y el miedo
de arriesgarse demasiado? Nuestras seguridades pueden convertirse en el peso
que nos impide libre movimiento, posibilidad de avanzar. En el caso de
accidente que nos deja “patas arriba” perdemos las defensas y seguridades en
las que hemos confiado. Por suerte si mantenemos la calma encontraremos a
alguien dispuesto de ayudarnos y poner en correcta posición frente a los
problemas. Parece que en la vida más seguridad da la flexibilidad y no los
caparazones, las corazas o armaduras. Tu rigidez te puede poner en peligro, no
solo no podrás levantarte en caso de caída, sino que tampoco podrás “dar la
vuelta” a una experiencia desagradable o situación no esperada.
Feliz martes sin rigidez.

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