Le decía “Te lo explico de nuevo”, pero ella no
quería escuchar las explicaciones. Se cerraba a cualquier palabra
que podría salir de su boca, porque tenía miedo de sus dulces
palabras. No quería dejar de convencerse por una música armoniosa
en medio de la pelea. Si lo que hacía la agredía y lastimaba para
que dejar que intente cubrir las heridas con sus dulces y pegajosos
emplastes. Son importantes las palabras que comunican, tienen mucho
más valor de las que justifican. En estos momentos ella necesitaba
más gestos de cariño que palabras. Sus gestos brillaban por su
ausencia. No sabía si tiene algún sentido esperar o hay que
sentarse y sincerar diciendo lo que cada uno espera y lo que cada uno
está dispuesto a dar, a ofrecer, para no esperar sin fin, no
sentirse mal, ni culparse abiertamente o a escondidas.
Feliz jueves de claridades.

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