Se pasaba por la vida
enumerando todas las cosas que andaban mal. Lo hacía con tanta
facilidad y maestría que nadie dudaba de sus palabras. Fue capaz de
convencer incluso a los que pensaban que alguna cosa iba bien. Pocos
eran los que se atrevían contradecirle en algo. Podría ocupar un
alto cargo como “desanimador” general, pero no tomaba ninguna
responsabilidad por sus palabras, ni hacía nada para cambiar las
cosas que estaban mal. Puede ser que tú mismo tomas este papel,
hazte también responsable de lo que provocas con tus palabras, y a
veces te tiene que ir bastante bien para que puedas hablar tan mal.
Si a tu lado hay alguien que habla tan mal, no te dejes arrastrar por
sus palabras, crea tus propias opiniones. Nos sobran en el mundo que
vivimos los desanimadores y faltan animadores de todas las edades.
Feliz lunes de animar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario