Hace un año un viento una tormenta, no
solo han roto unos árboles, han destruido un bosque entero. Han roto
vidas de víctimas inocentes, y han roto quebrado algo en los que
hemos sobrevivido. Han cambiando nuestro mundo, nuestro paisaje y
nosotros mismos para siempre. Y ese “para siempre” es lo que más
duele y es más difícil de aceptar. A un año pocos hemos sacado
afuera lo que realmente vivimos y sentimos. Pocos han vivido todo el
proceso de curación, sacado la capacidad de resiliencia. Como muchas
cosas quedan pegadas por dentro siguen doliendo, lastimando sacando
los fantasmas de los miedos, con cada viento cada fuerza de la
naturaleza. Es bueno recordar y agradecer lo que la gente ha hecho
por nosotros, pero aparte de ayudar a la naturaleza a recuperarse y
plantar el bosque de nuevo, algo tenemos que hacer con lo que
vivimos, con lo que tenemos dentro y no tiene que ser precisamente
política. Hay que encontrase con nosotros mismos con nuestros
vecinos y con nuestros miedos y dolores. Sacar afuera y como arboles
plantar en nosotros nuevos sentimientos de unidad y solidaridad por
encima de todas las diferencias. Con respetables puntos de vista pero
también con sinceridad y verdad frente a lo que ha pasado hace un
año y durante todo este año. Hay que curar la naturaleza y nuestras
almas.
Feliz sábado de un triste aniversario.

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