El abuelo fue
marinero, su barba se ha mojado con el agua de muchos mares y sus
ojos han visto muchas olas y mareas. No recuerda cuantos puertos ha
visitado, lo que si recuerda es que cada viaje empezaba en un puerto
y terminaba en el otro. Mientras no se llegaba a un puerto y no se
desembarcaba, no se podía decir que el viaje ha
terminado. Un viaje puede ser corto o
largo, directo o con diferentes escalas pero siempre lleva a un punto
un objetivo, un puerto en donde se deja algo y lleva algo. Así
también nos pasa en la tierra firme, todo lo que hacemos en nuestras
vidas nos lleva de un lugar a otro aunque no salgamos de casa.
Dejamos y recibimos, descargamos y
cargamos. Es importante no sobrepasar nuestra capacidad, pues se
corre el peligro de naufragar.
Feliz lunes de unir
los puertos.

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