Hace tiempo buscaba un buen momento para cambiar.
Como no ha conseguido hacerlo al iniciar el año pensaba que el buen momento
sería para después de las vacaciones. Tal vez con la energía renovada las cosas
resulten más fáciles. Parecía cierto, así que no quedaba otra cosa de poner las
manos a la obra. Y cando todo estaba a punto de empezar, aparecían dudas y
preguntas. No sabía en que debería cambiar en primer lugar y hasta qué punto
deberían ir estos cambios. No quería volverse irreconocible, en vez de ser la
mejor versión de sí mismo, llegar a ser su propia caricatura. Así que lo tenía
de pensárselo muy bien. Lo que más le podría ayudar en la vida, y más
impresionaría a todos sus amigos que lo conocía desde hace años, sería la
desaparición no de unos cuantos rollos de grasa, sino de la distancia que solía
existir entre sus palabras y sus obras, entre sus promesas y el cumplimiento de
ellas. Eso haría de él una persona especial con rasgos inconfundibles. Puede
que a todos nos vendría bien un cambio así a estas alturas del año.
Feliz lunes de transformación.

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