Entre ellos las palabras amorosas, que antes eran tan
vivas, se secaron entre ellos. Al principio, ella regaba las palabras
secas, con sus lagrimas, esperando, que se renueven y retoñen los
brotes de cariño. Él ni se dio por enterado, que algo se seca, el
trabajo, los amigos, una u otra aventura, lo hicieron impermeable a
sus palabras de ella. Así inevitablemente empezó a aparecer el
desierto, donde antes había jardín de ternura. El amor es de dos,
las lagrimas de uno no bastan para mantenerlo vivo. Los dos lo
cuidan, nutren, protegen, como su huerta más preciada. A veces, es
preferible cuidar bien la soledad, en vez de tener un jardín seco.
Feliz Viernes de Mantener Vivas las Palabras de Amor
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