Cada cierto tiempo se paraba frente al espejo.
Intentaba ver su rostro escondido detrás de tantas máscaras y
trajes que le han impuesto. La vida fue muy exigente con ella, tuvo
que fungir varios roles que le han impuesto. Ha aprendido usar
vestidos de etiqueta, uniformes, o ropas informales dando rienda
suelta a su imaginación creatividad y buen gusto. Dominaba el arte
de maquillaje, resaltando la belleza ocultando unos pequeños señales
de cansancio o alguna pasajera imperfección en su piel. Lo que
trataba que descubrir era como llenar los vacíos en su corazón y
sanar las heridas de su alma. ¿Cómo ser ella misma debajo de todos
los trajes y maquillajes? Encontraba la salida poniendo se frente al
sol que salía o se ocultaba y dejar su cara iluminada con su
arrebol. En este espectáculo de colores tonalidades y matices pudo
calmar su alma. Eso le ayudaba de descubrir que ella como el mismo
sol tiene que iluminar y es diferente para cada persona que la mira,
todo depende del momento, de la ubicación de las circunstancias.
Que podemos ser siempre nosotros mismos en medio de este abanico de
funciones y papeles que nos exige la vida, haciendo cosas desde
dentro desde el corazón hacia fuera y no desde afuera hacia dentro.
Un uniforme, traje, escritorio, oficina, cargo, función, no nos hace
ni mejor, ni diferente persona, solo nos exige más desde nuestro
corazón, nuestros principios y valores. Si los olvidamos corremos el
peligro de convertirnos en crueles funcionarios, camaleones humanos
sin principios, dispuestos a todo por un pequeño puesto, una dosis
de poder.
Feliz lunes desde el corazón.

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