jueves, 5 de enero de 2017

Sí ayuda, pero no olvides...

No eran suyos aquellos dolores pero como si lo fueran. Los sentía con cada poro de su piel. Ayudar no era cuestión de elección sino de obligación de una simple necesidad de sobrevivencia. Aunque eso a veces le podría llevar al borde de agotamiento, y enfrentamiento con todos incluida ella misma. Se decía a si misma que no era razonable lo que hacía, que ya ha pasado lo límites de lo bueno justo y necesario, pero a cada pedido seguía respondiendo con un “sí, no hay problema”. Problemas había por doquier, cada vez mayores. Y los pedidos crecían como una avalancha. Siempre con el signo de más. Le pedían, más trabajo, más tiempo, más disponibilidad, más dinero. Haciendo malabarismos a todos decía que sí intentando satisfacer sus necesidades. Al final de cuentas quedaba mal con todos, con la sensación de haber defraudado a todos. Para muchos de nosotros la respuesta “no puedo” está sin uso, lo que a veces provoca mucho abuso. Tratemos de medir los límites de nuestras posibilidades físicas, económicas, afectivas, intentando ser lo más honestos posible con nosotros y con los demás. Si perdemos el equilibrio ayudando podemos empezar a hacer daño a nosotros mismos y a terceros que no tienen la culpa. Aunque se dice que hay que dar hasta que duela, es bueno saber si lo que damos nos pertenece y si tenemos derecho exclusivo de disponer de eso. A veces ayudando a todos quedamos sin nadie que nos ayude a nosotros mismos y eso provoca cierta frustración y dolor. Ayudemos pero marquemos los sanos límites cuidando lo que tenemos a cargo, que es nuestra vida y felicidad.

Feliz jueves de ayuda y límites.

No hay comentarios:

Publicar un comentario