Hace tiempo que no regresaba a su casa. Lo hacía
poco, cada cierto tiempo. Cuando sentía que ya era tiempo o que ya
no podía más. A veces corría tanto que tenía la sensación que
iba demasiado lejos para volver. El regreso a veces tenía sabor a
fracaso cuando sentía que regresaba con manos vacías y corazón más
vacío que sus manos. En la casa siempre lo esperaban palabras de
ánimo, de atención y silencios que respetaban sus dolores y sus
momentos. No le obligaban dar explicaciones, pero eso si le invitaban
abrir el corazón para poder recibir el amor, que siempre le servía
de combustible para poder emprender el siguiente viaje. La vida es un
camino y no es bueno estar parado, aunque uno no se debe olvidar que
cada caminante necesita su tiempo y su área de descanso – su casa.
Feliz miércoles de casa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario