La luz se le metía en todos los
rincones de su vida y ella quería aun esconder algunas cosas. No
estaba preparada para que se sepan así claramente. No era nada
grave, pero ella quería mantenerlas ocultas por lo menos por algún
tiempo. No las escondía por vergüenza, sino por inseguridad. Si
demasiada gente sabe, la van a presionar, criticar y la decisión que
va a tomar no será suya sino de otros. Las decisiones en la vida así
como las frutas, necesitan su tiempo para crecer y madurar. Si no se
les da ese tiempo necesario, no alcanzan ni su sabor, ni su tamaño
adecuado. Las decisiones que no se maduran llevan a complicar la vida
de los que las toman en forma apresurada. Dale la luz necesaria a
cada cosa, a cada decisión. Espera que madure. Pide consejos y
opiniones de otros cuando los necesitas, pero trata de responder
totalmente por tus decisiones.
Feliz lunes de decisiones propias.

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