Tan rápida era su vida que había cosas
que ni tenía tiempo de sentir bien. Como no los sentía como se debe
sentir sino lo hacía a medias. Estos sentimientos se le clavaban en
la piel y por todo su cuerpo provocando alergias y reacciones
diversas parecidas a muchas enfermedades. Se parecía eso a un exceso
de comida que el cuerpo no puede digerir metabolizar provocando un
malestar generalizado. Para mejorar la situación tenía que frenar
un poco y ponerse a cierto tipo de dieta. Tal vez lo más difícil
para alguien tan acelerado era bajar un poco de velocidad, para no
chocar con las personas ni con los sentimientos. Tener suficiente
tiempo para recibirlas conocer entender e incorporar sentimientos y
personas a su mundo sin “indigestiones” no deseadas. A pesar de
tantas cosas que tienes que hacer, recuerda que viviendo más deprisa
no vives más sino menos. No solo vives pero también sientes menos y
eso te enferma y te deshumaniza.
Feliz martes de bajar de velocidad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario