Le esperaba un domingo lleno de horas
nuevas, sin trabajos que urgían. Lo tenía que llenar de contenido y
eso no era una tarea fácil. Sus pies y sus manos tan habituados a
constante movimiento no sabían quedarse quietas inmóviles por un
instante. Si con mucho esfuerzo controlaba sus extremidades los
pensamientos empezaban a volar en todas las direcciones, y
curiosamente al no hacer nada pensaba lo que tendrá que hacer
después. El resultado fue contrario a lo esperado. En vez de
descansar se cansaba más, llenaba de preocupaciones y angustias.
Para descansar de verdad no solo tienes que calmar tu cuerpo, sino
también tu mente, tu espíritu. Hay que aprenderlo calmando nuestra
respiración haciéndola más profunda, relajando cuerpo y llegando a
un estado meditativo. No se llega a eso de repente es un largo
aprendizaje, porque aunque nos parezca extraño no solo hay que
aprender de trabajar, sino también hay que aprender a descansar,
estar en paz consigo mismo con la familia y los demás.
Feliz domingo de verdadero descanso.

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