No ha vivido en un palacio, lejos de tal
cosa era su humilde casucha, pero siempre se ha preocupado por el
mundo que lo rodeaba como si fuera dueño de él. No presumía en
ningún momento ser propietario de algo más que lo que era
estrictamente necesario para su vida, a su edad ya se necesitaba
poco, pero si le preocupaba el mundo. Siempre decía con su sonrisa
picara, que aunque no era dueño del mundo era hijo del dueño. Su
profunda y sencilla fe le empujaba a sentirse responsable por todo lo
que lo rodeaba. Teniendo presente la buena educación que ha recibido
de sus padres, su deseo era dejar el mundo que ha recibido por lo
menos en las mismas condiciones como un día ha recibido de sus
padres y abuelos. Le enseñaron cuidar lo que se tiene prestado. No
abusar respetando el lugar de cada cosa. Le gustaba disfrutar de la
sombra cerca de su casa. La sombra la daban los viejos árboles que
él no ha sembrado, por eso se sentía en deuda y sembraba otros que
un día van a dar sombra a los que vienen después de él. Cuida y
serás cuidado.
Feliz sábado de responsabilidad por el
mundo.

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