Nada nuevo ha salido de sus labios.
Decía lo que siempre ha dicho y sin embargo, sus palabras no caían
en el vacío como pasaba hasta hace poco. El cambio no fue en sus
palabras, sino en sus actitudes. Hasta hace poco con él pasaba lo
que pasaba con la mayoría de la gente. Decía y prometía una cosa y
enseguida hacía otra contraria a lo prometido. Al caer siempre en la
misma incoherencia, ni trataba de justificarse, ya parecía algo
normal. Ya nadie quería escuchar, ni sus promesas, ni sus
juramentos. Sus palabras eran muy distantes de sus actos, esta
distancia empezaba impregnarse de incredulidad, desconfianza, lo
llevaba muchas veces a aislamiento e incluso a la soledad. Tenía
solo una alternativa, o dejar de prometer y de esta manera no
ilusionar a la gente o cambiar de actitudes volviéndose una persona
creíble, digna de respeto y confianza. Aunque le costaba mucho lo
hizo.
Feliz viernes de palabras apoyadas por
hechos.

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