Hablaba mucho en diferentes
lugares. En reuniones en las que participaba siempre tenía algo que
decir, opinar, comentar, proponer. Se valoraban mucho sus aportes
todos reconocían sus entrega y preocupación y esfuerzos para
mejorar. Luego llegaba a su casa en donde esperaban su presencia pero
sobre todo a sus opiniones y lo que encontraban en la mayoría de los
casos era su silencio. Es que en su casa no veía las cosas tan
claras no animaba ni intentaba mejorar se resignaba a aceptar las
cosas así como eran delegando toda la responsabilidad a otros
miembros de la familia. Algo que nos pasa con tanta frecuencia que
somos luz brillante en la calle y oscuridad en nuestra propia casa, a
veces por un extraño temor y muchas veces por la comodidad dejando a
otros toda la responsabilidad. Encendemos la luz de nuestra presencia
también en nuestras casas.
Feliz sábado de brillar.

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