Le
gustaba compartir. Siempre había algo que ofrecía a los que
visitaban su humilde casa. Ha vivido en su pueblo toda la vida. Sabía
que el mundo es mucho más grande, y como todos tenía curiosidad de
él, pero su mundo era ese y no necesitaba otro. Para los que
tuvieron tiempo para perderlo con ella, había frutas dulces y sus
confituras con galletas. Los que se arriesgaban, no se arrepentían.
Siempre había sobre que hablar y sobre que callar con respeto y
pensamiento. Uno no sabía lo que era más dulce si sus confituras o
su compañía. A veces las cosas iban un poco mal, la despensa se
vaciaba pero el corazón siempre se llenaba. Hacía todo para crear
un ambiente agradable y una vez en el sillón uno no se quería
levantar rápidamente. Es que las cosas en la mesa en una vas, plato
tazo o copa solo sirven de pretexto para compartir las que están
dentro de corazón y dentro de nuestra vida. Arriésgate a perder
tiempo con otros.
Feliz
sábado de perder el tiempo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario