Hace
tiempo que olvidó a sentarse quieta descansando y escuchando. Si se
sentaba siempre era solo por un instante y pensando en cosas que
tenía que hacer después. El café o el té que tomaba lo tomaba de
prisa y con trozos de conversación y revisando la pantalla de su
teléfono. En un pasado lejano quedaron aquellos momentos que tomando
un café cerraba los ojos saboreando despacito cada sorbo. Tanto como
el café o el té saboreaba los silencios y las palabras. Porque eran
momentos sagrados que permitían a desconectar del trabajo, de las
realidades y prisas de cada día, pero como ya lo ha hecho con muchas
cosas también eso ha sacrificado para según ella poder hacer más.
No sirve nuestro trabajo cuando el mismo trabajo y la vida están
perdiendo el sabor. Busca tu tiempo para saborear café o te o un
jugo e incluso un vaso de agua escuchándote a ti misa/o y a otros
que viven a tu lado.
Feliz
lunes de una pausa para un café...

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