Se sentía muy molesta cuando la intentaban poner de algún lado, siempre en
oposición al otro, que según era malo. No era indiferente, tenía sus
convicciones y puntos de vista, pero eso en su opinión no la ponía contra
nadie. Incluso le gustaba debatir lo que nunca significaba que los que pensaban
diferente tenían que ser considerados enemigos. Las polarizaciones no llevan a
nada bueno. Sabía reconocer las buenas propuestas y llamadas de atención sobre
algunos asuntos de los que tenían convicciones muy distintas a la suya, porque
como decía nunca existe alguien que tiene toda la razón o se equivoca
totalmente. Siempre hay aciertos y desaciertos, a veces somos como un reloj
parado que aunque al parecer no funciona pero durante las 24 horas dos veces
muestra la hora exacta. No podemos estar equivocados en todo ni tener razón en
todo. En la era de la tolerancia nos volvemos intolerantes. Necesitamos un poco
de respeto y sentido común. Este mundo a estas alturas de la historia no
necesita radicalismos sino capacidad de unirse y juntos enfrentar los desafíos.
Feliz martes de respeto y sentido común.

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