Natalia soñaba llegar un día a la cima. No tener a
nadie, que le de ordenes, no depender de los caprichos de nadie. Se
sentía harta de los gritos de gente malhumorada. La llegada a la
cima parecía muy lejana, faltaban muchos escalones para llegar ahí.
Indefensa, muy vulnerable se sentaba fuera de su casa buscando algo
que la proteja de nuevas agresiones. Lo que veía era un cielo y unas
hojas del árbol encima de su cabeza. Ahí no había gritos y
amenazas, ni dominaciones. Natalia llegó a la conclusión de que los
que estaban aparentemente encima de ella, a la hora de la verdad,
estaban en el mismo nivel. Solo que ella los ubicaba más arriba, les
daba más poder. Bajalos de las alturas, deja que el cielo te llene
de paz y armonía. No tiene que subir tu cuerpo para estar encima.
mejor que suba tu espíritu.
Feliz miércoles de las alturas.

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