Estos días se quejaba que solo tiene dos ojos con los que puede
ver y llorar de emoción. Por suerte tenía toda la piel para sentir,
recibiendo cada impulso, cada vibración. Eran muchos, pero
desaparecían todas las diferencias fundidas en una inexplicable
emoción y alegría. No hay aparato para medir la intensidad de todo
lo que viven. Solo se puede dejar salir unas lágrimas para dejar
espacio a otros sentimientos. Así como caen las lagrimas así caen
las dudas, los que no sabían si podrán resistir ya saben que ser
parte de eso les hace crecer las alas. Lo que viven estos días se
les quedará el resto de sus vidas. ¡Que de las emociones y palabras
crezcan nuevas actitudes!
Feliz sábado para los servidores voluntarios y todos que hacen
esta historia.

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