Tenía una extraña capacidad de inflar cada pequeño problema.
Lo hacía con tanta habilidad y delicadeza, que realmente parecía
enorme y invencible para todos los que la escuchaban. Era suficiente
inflar un pequeño problema, para que se sienta acorralada y sin
salida. En eso no se terminaban sus extraordinarias habilidades,
también sabía enfocar su atención y toda su esperanza en una sola
solución, en un solo posible desenlace de una historia. No admitía
alternativas. Y como las cosas no siempre ocurrían así como lo
imaginaba, se quedaba muchas veces fuera de la fiesta, muy lejos de
la alegría, con la infelicidad a la carta. No exageres inflando tus
problemas, cada uno de ellos ya tiene su medida justa. Así como
aparecen, son posibles de superar, uno por uno. Mira a tu alrededor,
no te enfoques en un único posible escenario. La riqueza y belleza
de la vida, consiste precisamente en el sinfín de las posibilidades.
Feliz sábado de variedades.

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