La tía Cristina tenía una pequeña casa llena de flores y
aromas. Al que la visitaban siempre le esperaban en días de calor
jugos de frutas y en días fríos infusiones de diferentes hierbas.
Ella sabía que las soluciones a muchos problemas se dan con pequeños
sorbos nunca de golpe. Que para que una vivencia traiga la felicidad
hay que mezclar muchas cosas en dosis exactas. Ni demasiado dulce ni
demasiado amargo. Siempre con alguien que sabe de estas cosas y de la
vida aprendemos a saborear lo que se nos ofrece. No es suficiente
probar una vez. Hay que tener la curiosidad de un buscador, que nunca
deja la búsqueda a pesar de múltiples fracasos. Cuando te sientes
perdido, toma una buena infusión. piensa un poco y habla lentamente
con ayuda de alguien que sabe escuchar.
Feliz miércoles de escucha.

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