Noelia tenía ciertas dudas. No quería llegar hasta
el borde de lo que estaba permitido. Aunque a veces se preguntaba por
qué algo está permitido y algo prohibido. No era asunto de leyes,
ni siquiera se trataba de reglas. Lo de Noelia era algo interior. En
su constante búsqueda de felicidad, ella misma se daba permiso de
probar algo nuevo, o se negaba explorar ciertos campos. Ponía
límites a su espacio de búsqueda, sin una razón clara. Tal vez, en
el fondo estaba el miedo de llegar a lo desconocido, sobre lo que no
tenía un juicio claro. El problema es que muchas veces uno no se
permite ser feliz, porque se pone límites muy estrechos o acepta que
otros se las pongan, esclavizando sus capacidades, sin nunca ejercer
su libertad. No pidas permiso para ser feliz. Una persona feliz no
hace daño a nadie. Una persona amargada culpa a todos y siempre
intenta arrastrar a los demás en su amargura.
Feliz viernes de felicidad

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