Liz era muy
hábil con sus manos rapidísimo aprendía hacer muchas cosas.
Maestra en corte y confección sabía adivinar las medidas exactas
con solo una mirada. Unía las piezas a la perfección dejando un
producto final impecable. Impresionaba su buen gusto su capacidad de
reconciliar materiales y colores dejando satisfechos a todos sus
clientes. La habilidad de las manos y los ojos no fue acompañada de
habilidad de las palabras. Fue muy seca e insegura, se le escondían
muchos sentimientos porque no los sabía vestir bien en buenas
palabras. Otros mal vestidos no siempre eran bien entendidos,
interpretados. Le esperaba un gran trabajo de organizar sus palabras
y sus sentimientos. Ordenar los unos y los otros según el tamaño,
la fuerza, la intensidad, la importancia, frecuencia de uso,
contenido y matiz emocional. Una vez ordenado todo era mucho más
elegir y encontrar lo más adecuado. Así como procuras tener buena
ropa que te favorezca y subraye tu belleza, busca buenas palabras.
Renueva tu ropero de palabras y sentimientos, no vayas a las fiestas
con las mismas ya gastadas. No te favorecen al contrario te
perjudican.
Feliz viernes
de vestir bien los sentimientos en buenas palabras

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