En su casa
nadie se preguntaba lo que ella siente, todos tenían una opinión
acerca de lo que debe hacer y como lo debe hacer. Si a todos ellos
les hubiera hecho caso, hubiera terminado hecha pedazos. Sus
opiniones con frecuencia se contradecían y no se puede hacer dos
cosas contrarias a la vez, ni recorrer dos caminos que llevan en
diferentes direcciones. Los que opinan, los que quieren dirigir
nuestras vidas parece que ignoran eso. Aunque somos como una esponja
que absorbe mucho, siempre llega el punto de quiebre y algo se
empieza a derramar. Si nadie te pregunta lo que sientes o quieres
pregúntate a ti mismo. Revisa cada cierto tiempo ¿qué tus
sentimientos y deseos tienen que ver con lo que vives? ¿Hasta dónde
y quién dirige tu vida? Nadie más que tú pagará las consecuencias
de las malas decisiones y direcciones. Una de las pocas e
irrenunciables obligaciones que tenemos es dirigir nuestras vidas. Lo
demás es consecuencia de como cumplimos esta tarea.
Feliz jueves
de dirección.

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