Las
tenía siempre listas, siempre a la puerta de sus labios. Aquellas
sonrisas que eran salvavidas que amortiguaban los impactos, los
golpes de la vida. No era necesario acompañarlas de muchas palabras.
Ellas solas iluminaban el camino. Tenían la capacidad de desenredar
lo enredado y aclarar lo confuso. Una de las pocas cosas de este
mundo que son contagiosas y mientras más contagiosas se vuelven más
beneficios traen. Aunque solo aparece en los labios tiene el poder de
relajar el resto del cuerpo. A través
de ella se escapan todas las tensiones. Capaz de disolver todas las
amarguras también a superar todas las diferencias culturales. Déjate
contagiar por ella y contagia a los demás.
Feliz
viernes de sonrisas.

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