Su cuerpo se
enfermaba y no había medicamentos capaces de enfrentar tan múltiples
problemas. La fuente, el origen de todos sus males no estaba en su
cuerpo , sino en sus conflictos, sus relaciones y pensamientos. No
había orden, ni paz, ni armonía ahí por eso tampoco lo pudo haber
en su cuerpo. Muchas veces nuestro cuerpo se convierte en la inocente
víctima de lo que hacemos, pensamos, sentimos y creemos. Para curar
lo uno hay que curar lo otro. No es suficiente reconocer que duele,
que hace daño eso o aquello. Hay que reconocer qué es lo que siento
o pienso o creo en relación a… Fácil y rápidamente nos
enredamos, desenredar y enderezar cuesta mucho más tiempo y
esfuerzo. No culpemos a nuestro cuerpo ni a mundo entero por lo que
nosotros mismos causamos a través de nuestros propios conflictos
interiores. Ahí dentro se empieza la cura de lo que está fuera, y
aquí afuera se empieza la curación de lo que está dentro. Si no se
toma la cosa integralmente la curación siempre será parcial.
Mientras persisten las causas siempre aparecerán las consecuencias.
Feliz
miércoles de curación por dentro y por fuera.

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