Por su cuerpo
vagaban unas inseguridades, aburridas y ociosas. Aprovechaban cada
movimiento, cada intento de acción, para unirse a ellos. Se
acomodaban a la perfección, sabían contagiarse con facilidad.
Gracias a ellas cada cosa, incluso la más sencilla, parecía re
complicada. Cada pequeño obstáculo era visto como una montaña
imposible de atravesar. Lo que antes era claro, se volvía turbio y
confuso. De repente entraban dudas, si se puede hacer una cosa, dar
el siguiente paso o decir una palabra. La inseguridad entorpecía las
rutinas, complicaba lo que era sencillo y achicaban los proyectos y
los sueños. Al ser tan contagiosa y moldeable, se esparcía en cada
grupo, pasando de persona a persona. No permitas a tus propias
inseguridades a invadir tu vida paralizándote y desanimando antes de
empezar algo. La mejor manera de vencerlas es probando a pesar de
todo. Tomando el riesgo de fracaso que está al lado de riesgo de
éxito pero que tiene colores chillantes por ello es más visibles.
Cuando nadie le hace caso la inseguridad se va para siempre dejándote
libre.
Feliz sábado
de vencer las inseguridades.

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