Su pared estaba llena de diplomas y
reconocimientos que confirmaban su buena preparación y excelencia
profesional. No faltaba en ningún congreso simposio curso o
conferencia que le podría a ayudar mejorar y actualizar los
conocimientos. Los que entraban en contacto con él en el ámbito
profesional siempre quedaban impactados por su conocimiento, su
eficacia, su profesionalidad. En pocas palabras y sin lagar de dudas,
era un especialista. Solo que dejando su escritorio y saliendo de su
trabajo, parecía torpe, confundido, a veces hasta medio perdido.
Durante tantos años de estudio lo han enseñado a ser buen
profesional, pero no le han enseñado desarrollarse como persona.
Han aumentado sus conocimientos profesionales, pero no sabía cómo
relacionarse con las personas, con su familia, fuera de su rol
profesional. Le costaba mucho hablar sobre los sentimientos,
reconocer su ignorancia e incapacidad en ciertas áreas de la vida
personal familiar y social. Frecuentemente la educación que
recibimos nos da muchos conocimientos específicos cumpliendo de esta
manera uno de sus objetivos, pero el otro queda desatendido por falta
de tiempo en los programas educativos. No nos enseña a relacionarnos
bien, manejar problemas, situaciones de estrés y dificultad,
aprovechar todo lo que tenemos alrededor, todo lo que somos para
hacer nuestra vida más feliz y así ayudar a los demás construir su
felicidad.
Feliz martes de desarrollo de las
capacidades.

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