Cuando recibía las visitas preparaba la
casa cuidando hasta el último detalle. Quería que al llegar
encuentren todo ordenado en su lugar y que no les falte nada, que se
sientan cómodos. Sabía que a veces puede haber alguna cosa que
puede incomodar, y si no es imprescindible se la puede quitar dejando
más espacio libre. Lo que pasa que a veces preparando la casa
olvidamos a preparar los sentimientos en nuestro corazón. Ahí con
frecuencia se esconden sentimientos que estorban impidiendo una buena
recepción de los que llegan a nuestra casa, a nuestra vida. No les
dejamos suficiente espacio para que puedan desarrollarse plenamente.
Algunos de ellos parece que se están asfixiando en medio, sin tener
el espacio que necesitan. Eso provoca este insoportable dolor de
cabeza, cintura, cuello y pecho. Es mejor hablando con alguien de
confianza, despejar el corazón de estos sentimientos que estorban,
antes de intentar llenarlo con nuevos. Siempre corremos el peligro de
convertirnos en globos que se pueden estirar mucho, pero si los
seguimos inflando llegarán al punto de reventar. Nosotros también a
veces reventamos y eso duele mucho nos lastima a nosotros y a los
que están cerca. Haz todo lo posible para no llegar a este punto.
Feliz viernes de despejar el espacio.

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