A su alrededor nunca faltaban los que
sabían por lo menos era lo que pensaban. A diestra y siniestra
expresaban sus juicios y opiniones. Siempre dispuestos de clavar una
palabra, una afirmación, que le llegaba hasta los huesos. Ellos muy
cerca, pero nunca demasiado para mojarse, ensuciar, comprometer.
Dejando el cómodo colchón de la supuesta neutralidad, pudiendo
estar al mismo tiempo a favor y contra, dependiendo de las
circunstancias, de las preferencia o simplemente de las modas. En lo
que decían había más conveniencia que convicción. Obsesionados
por el punto medio, sin mover la balanza en favor de algo o contra de
algo. Más moldeables que la plastilina, eran muy útiles para los
que querían una sociedad descafeinada, muy light, sin compromiso. Si
algo nos falta en este mundo de hoy es la coherencia. Gente que sus
palabras confirman con su vida, sus compromisos y actitudes. Ya no
necesitamos especialistas de la oratoria que cerrando el texto de su
buen discurso, se olvidan de su contenido y están listos de
pronunciar otro, sin que les importe que sea contrario al que acaban
de pronunciar. No tengas prisa en hacer discursos, expresar juicios,
primero prepara una base de responsabilidad, honestidad y coherencia
que pueda avalar a tus palabras, luego habla dispuesto a responder
por lo que estás diciendo y no te escondas detrás de la supuesta
neutralidad.
Feliz martes de palabras comprometidas.

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